Historias de amor y dedicación

Por la cabeza de Jorge y Lisbita no pasaba en ese momento la idea de crear un ícono pereirano. No se imaginaron cuanto iba a crecer este emprendimiento, ni cuanto aprecio y valoración iba a generar en el corazón de todos los que los conocen.

Y es que, sin siquiera buscarlo, un día de 1979, como resultado de una negociación que hizo Jorge, se vio Lisbita con un Bon Marché, recién nacido. Un establecimiento que apenas llevaba 6 meses funcionando cuando cayó en sus manos. Si bien para Lisbita la cocina era un placer, este nuevo reto significó el inicio de una aventura que requirió de mucho esfuerzo y dedicación. Fue en el centro de Pereira donde todo comenzó.

Empezó reformando las recetas y mejorando la presentación; el servicio y la experiencia de ir a Bon Marché comenzó a reconocerse en la ciudad. En menos de un lustro, el segundo Bon Marché abría sus puertas en Uniplaza. Como en cada establecimiento se fabricaban los productos notaron que no podían garantizar el mismo sabor en todas partes. Ante esto, nace la idea de abrir la fábrica en 1995, requiriendo la presencia permanente de Lisbita a la cabeza de todo.

Dedicada a esta empresa, empieza a cimentarse y crecer. Cuando se incorpora Jorge a ella es porque requería de su presencia y trabajo. Trabajar juntos por primera vez no fue fácil. Compartir el hogar y el trabajo fue una experiencia nueva pero enriquecedora, que los unió aún más como familia, ya que Bon Marché era parte de ella.

Siguieron creciendo, para mejorar siempre las experiencias. Forman parte de los recuerdos de muchos que iban a su sede del centro luego de la matiné para disfrutar en compañía de amigos de los deliciosos pandeyuca de Bon Marché. Incluso recuerda Lisbita como en algunas oportunidades los amigos de sus hijos llegaban a pedir pandeyuca diciendo: “es que soy amigo de Andrés…” y claro, con esa carta de presentación, se llevaban su pandeyuca. También supieron superar las adversidades cuando después del terremoto de 1999, vuelven a levantar el local caído para seguir adelante con la ciudad.

Una empresa que nació sin esperarse pero que se formó en el corazón de los Mejía y que ahora es parte esencial del corazón y los recuerdos de todos los pereiranos. Una empresa que ha crecido con la ciudad y que nos ha demostrado la importancia del amor, la dedicación, el trabajo duro y la responsabilidad.

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